sábado, 8 de mayo de 2010

No moleste... dios no EXISTE!!!

"La investigación honesta es absolutamente imposible en el ámbito de cualquier iglesia, ... si uno cree que la iglesia está en lo correcto no investiga, y si cree que está errada, la iglesia lo investiga a uno"
Robert Ingersoll, Individuality, 1873

El Hombre siempre ha sentido atracción por la curiosa idea de atribuirle todo tipo de responsabilidades a los dioses.

Esto era independiente de la versión divina elegida. Ya sea unitaria, doble, triple o de a miles, desde el mismo momento en que racionalizó el miedo y se entendió solo frente a un universo complejo y peligroso, prefirió inventar entidades místicas a asumir su existencia perecedera.

Todas las culturas se aprovecharon de estos trazos de esquizofrenia colectiva (que fueron y siguen siendo bastante útiles a los intereses eclesiásticos), para crecer parados sobre el terror que generaba la idea de un dios omnipresente, cruel y vengativo. Sin embargo algunas de estas civilizaciones exitosas no necesitaron establecer tamaños niveles de dependencia teológica y se contentaron con darle a sus deidades funciones semejantes a las que hoy les asignamos a… por ejemplo… los meteorólogos.

Estas culturas sobrevivieron perfectamente varios miles de años, sin más.

Nuestra sociedad industrial nació y se desarrolló sobre las bases de una de las mitologías más crueles, absurdas y contradictorias a las que el hombre echo mano para justificar su evidente falta de intensión de “hacerse cargo” o en todo caso de su “autista” deseo de que “se haga cargo el otro”. Me refiero a la mitología judeo-critiana.

Al igual que en tantas otras, en nombre de esta verdadera patología de la inteligencia humana, se cometieron masacres, vejaciones, censuras, crímenes que aún hoy después de más de 2000 años desde aquel fantástico cuento de “me embarazó un áurea”, seguimos pagando todos.

La única diferencia de esta teología con las anteriores, (y es justo que lo digamos), es que a ésta la sufrimos Nosotros. Nosotros para quienes dios es apenas un monosílabo de cierto éxito en el último millón de años. Nosotros que creemos en la 2º Ley de la Termodinámica en tanto no aparezca alguien que la de por tierra. Nosotros que en el Siglo XXI vemos lo poco que han hecho los dioses por nuestras vidas y que, en definitiva, lo hemos hecho todo, inclusive darle entidad a los mismísimos dioses.

Nosotros asumimos nuestras responsabilidades. Incluso aquellas que tienen el mal tino de terminar con nosotros. Nosotros cumplimos con el compromiso de dejar la casa mejor que como nos la dejaron. Nosotros soñamos la inmortalidad, no como un premio a futuro por portarnos según cánones circunstanciales, sino como el derecho ganado por haber dejado algo valioso para los otros. Nosotros hacemos. Y si dicha acción genera diálogo, dialogamos. Y si por el contrario atrae el debate, debatimos. Pero siempre fundamentamos y en ausencia absoluta de patéticas “máquinas de humo súper poderosas”.

Por otro lado (…ya que insiste), fundamentar la inexistencia de dioses es mucho más fácil que presuponer su omnipresencia, solo hay que evitar frases ridículas como: “los caminos del señor son misteriosos”, o “dios solo habla en silencio” o cualquiera de esas barbaridades que reducen el librepensamiento a una celda obtusa.

Bastaría para esto, citar los “dragones en el Placard” de Carl Sagan o la categórica certeza de Robert G. Ingersoll.

Quizás hacer notar aquí las incoherencias bíblicas no sería tan mala idea, (muchos religiosos y conquistadores se encargaron en su momento de evidenciar las de los Mayas, Aztecas, Incas, Griegos, Egipcios, Hindúes, etc.). Pero en el terreno de exponer inconsistencias bíblicas, Mat Groening nos trae la delantera y por eso lo admiramos tanto.

Sin embargo, preferimos la simpleza de Bertrand Russell y su enorme “piedra”, factura de un dios que ni siquiera puede con ella.

Pero no; hoy probaremos otro camino.

No estamos atacando al creyente. Él no es el problema. Adoptamos y compartimos las palabras de Tanzin Gyatza: -“Tanto el creyente como el no creyente son humanos. Debemos tenernos un gran respeto mutuo.”- El problema son quienes sacan un rédito de quienes necesitan creer, intentando a toda costa de vivir del estado o de nosotros mismos.

Para demostrar la inexistencia de dioses, les proponemos poner en marcha todos aquellos aspectos que los hombres de la religión han dejado para más tarde. Hoy distinguiremos: el Libre Pensamiento, la Igualdad entre los Hombres, la Ética, el Medio Ambiente, la Música, el Arte, las Ciencias y por supuesto el Karatedo y el Kobudo, como un camino posible a la eternidad, sea lo que fuere eso signifique.

Como podrá observar usted mismo en estas páginas, dios no hace nada. Todo lo hacemos Nosotros. Con trabajo y pasión.

Deje sus deidades para el ámbito de su casa. No golpee mi puerta con figurines del “Atalaya” ni sature mis medianoches con la rentable “Bossa Nova Cristiana”, no se cuele en los actos públicos con su sudorosa sotana negra y su sospechosa actitud de acariciador de niños. Pero mucho menos escriba a mi correo para mostrarse ofendido porque yo no estoy dispuesto a andar por la vida lamiendo sirios.

Así que no insista. Todos esos atributos que usted no encuentra en si mismo, no los guarda ningún dios. Entonces busque mejor o acepte su incompetencia, después de todo, todos tenemos derecho a fallar en algo.

Mientras tanto creo que va a tener que aprender a tolerar a los que hacemos investigación científica libres de la carga de tener que sostener a algo tan estúpidamente pesado como un ser omnipotente que nos sugiere indirectamente que está bien y que está mal, pero al mismo tiempo es incapaz de ponerse de acuerdo en si debe amarnos o matar a todos los filisteos y a aquellos que no le rindan pleitesía.

Por qué me atrevo a decirle esto? Pues porque esa entidad que algunos llaman dios: NO EXISTE.

Y en vista que no he sido fulminado por un rayo que surge de la nada, ni el mundo se incineró al detenerse para sacudir a los pecadores e impíos, puedo decir que mi hipótesis ha quedado demostrada.

Lic. Pablo Eduardo Scurzi


sábado, 1 de mayo de 2010

Aspectos Evolutivos del Desarrollo Motriz

Después del nacimiento, la motricidad arcaica o neomotricidad, va a constituir la base sobre la que se edificarán los esquemas motores más adaptados a las condiciones externas que enfrentará el neonato.

Existen toda una gama de ajustes neuromotores automáticos e inconcientes que tienen su origen en las estructuras de la motricidad arcaica.

Los centros involucrados en esto son: la médula, el bulbo, el cerebelo y los diversos grupos de nudos grises subcorticales, quienes serán los primeros en mielinizarse.

Estos centros arcaicos presiden las reacciones sensomotrices determinadas por las condiciones particulares del medio donde el niño crece y serán los responsables del aprendizaje de acciones como sentarse, caminar o nadar si las condiciones lo conducen lentamente a ello.

El comportamiento arcaico será el primero en intervenir en la evolución motora del niño.

Esta neomotricidad se basa en la actividad de los centros corticales y más especialmente en la actividad de las zonas piramidales. Ella permitirá vincular el comportamiento motor a las motivaciones sociales. Las primeras manifestaciones serán la prehensión, la manipulación de objetos y la exploración del medio circundante. En el niño estas habilidades se desarrollan progresivamente durante los cinco o seis primeros años, pero alcanzan su más alto grado de desarrollo recién en el adulto.

La riqueza de los estímulos primarios condicionaran la puesta en marcha correlativa de las facultades motrices.

Estos primeros años de desarrollo son la edad de oro de la ADAPTABILIDAD, no de la destreza motriz.

Cuando los niños transcurren esta etapa NO están en condiciones de controlar sus movimientos, debido a que su sistema de regulación cortical (sus vías motrices) están en pleno desarrollo. Por ende no pueden realizar ningún aprendizaje técnico sustentable.

Estas son las razones que nos llevan a asegurar que carece de sentido enseñar Karate Do a menores de 6 o 7 años. Karate o cualquier otra actividad fuertemente determinada por la técnica.

Si una escuela de Karate acepta niños en estas edades, deberá tener especial cuidado en planificar específicamente para ellos de modo de lograr un planteo pedagógico adecuado, dirigido exclusivamente al ajuste de la motricidad arcaica.

Cualquier otro esfuerzo será en vano y pronto el menor se aburrirá o decepcionará por no poder lograr lo que se le pide. El mal mayor será sin lugar a dudas, que el docente perderá la oportunidad de estimular en el niño la etapa de la adaptabilidad en el momento de máximo desarrollo.

Ahora bien, no especializar, es decir no insistir sobre la técnica, no significa que no se deba comenzar con la actividad física temprana.

En los primeros años del desarrollo, se cuidará de primar el ESTÍMULO por sobre el ENTRENAMIENTO.

Sabemos que desde el nacimiento hasta los 2 años la inmadurez del sistema neuromotor no permite el uso de movimientos voluntarios. Los contactos se establecen a nivel preconciente y en este plano también se da la percepción, pero una percepción subcortical (no como en los adultos cuya percepción racional es de neto carácter cortical). Los estímulos deberán ser prioritariamente sensoriales.

Entre los 2 y los 4 años dentro de los aspectos evolutivos de la conducta motora, vemos la aparición cronológica de algunas formas básicas de movimiento como reptar, caminar y trepar. Entendemos la necesidad de estimular en esta etapa dichos aspectos.

Para los 6 años se han agregado habilidades como ascender, lanzar, recibir y algunas formas combinadas de movimiento. Toda modificación permanente de la conducta motora nacerá del correcto balance de estímulos vinculados a estas formas básicas de movimiento.

Como ya dijimos entonces, la riqueza de las situaciones motrices dirigidas que enfrente el niño en este período, condicionarán sus facultades motrices e intelectuales futuras.

Definimos una curva polinómica de tercer grado que representa los niveles de estímulo/entrenamiento en función de la edad:

Donde x representa la edad en años e y el nivel de Estímulo/Entrenamiento, siendo el valor cero (0) correspondiente a estímulo absoluto y uno (1) el que se aplica para entrenamiento absoluto.







Asumimos que poco sentido tiene hablar de entrenamiento absoluto, ya que en cualquier caso siempre existirá un factor lúdico en la actividad que lo vinculará al estímulo.

Más allá de los 7 ½ años de edad, la curva indica que la razón estímulo/entrenamiento corresponde al 50%, mientras que los niveles máximos de entrenamiento (> al 90% respecto al estímulo) pueden darse entre los 19 y los 41 años. Luego el estímulo vuelve a ocupar valores significativos para luego estabilizarse a partir de los 60 años a niveles similares a los de los niños de 10 años.

Esta curva no se refiere a la carga del entrenamiento, sino a la preponderancia del aprendizaje técnico por sobre el estímulo lúdico, la enseñanza de formas básicas de movimiento o en el caso de Karate Do, de la práctica de Kata, que no es otra cosa que nuestras formas básicas de movimiento agrupadas en compendios.

Por último y para facilitar la lectura de la curva, ésta no señala que un hombre de 70 años deba practicar los mismos kata que cuando tenía 9, sino que la importancia relativa que debe darle al trabajo de Kata, por dar un ejemplo, por sobre el entrenamiento físico se asemeja al cociente estímulo/entrenamiento de un niño a los 8 o 9 años. Los trabajos absolutos en sí, evidentemente serán distintos y deben planificarse específicamente según la edad.

La regresión analítica de la curva se obtuvo del estudio de 80 casos de edades comprendidas entre los 6 y los 60 años donde se analizó la mejor adaptabilidad al entrenamiento del Karate Do. Creemos puede aplicarse a otras actividades físicas.

Entre los 6 y 8 años podemos comenzar a dirigir los estímulos a una familia de movimientos en particular, es decir se dará comienzo al aprendizaje técnico, entendido como un conjunto de procedimientos dirigidos al logro de un objetivo.

A partir de los 8 hasta los 10 el trabajo cualitativo comienza a tener cierta injerencia (>50%), sin dejar de lado el cuantitativo, es decir esfuerzos de duración moderada y baja intensidad con los primeros esquemas de esfuerzos intensos pero breves. En esta etapa la preparación orgánica (desarrollo de las funciones del sistema cardiovascular/respiratorio), debe prevalecer por sobre la preparación muscular, pero ya es recomendable ampliar la variedad de juegos de modo de incluir los principios rectores de nuestra disciplina.

Es en este período que puede comenzarse con la noción de Kumite a través del trabajo guiado en parejas de ENBU.

A partir de los 10 años el niño traspasa el 60% de la curva y se verifica que tanto el estímulo como el entrenamiento cumplen funciones específicas. Este es el estadio donde se asimilan mejor las sensaciones motrices y por lo tanto los gestos técnicos.

A partir de los 14 o 15 años la razón entrenamiento/estímulo alcanza y supera el 75% y será el mejor momento para el perfeccionamiento técnico y competitivo.

Todo este proceso de aprendizaje debe vincularse estrechamente a los cinco principios fundamentales de la enseñanza:

Predisposición: el organismo se dispone a actuar si le resulta agradable hacerlo

Efecto: el sujeto tiende a reproducir las experiencias agradables.

Ejercicio: es necesario consolidar lo aprendido.

Novedad: en igualdad de condiciones lo último que fue aprendido será recordado mejor.

Vivencia: el docente debe brindar vivencias basadas en la propia realidad de aquello que se quiere enseñar.

El cuidado que se ponga en la planificación acotada a los aspectos evolutivos del desarrollo motor temprano, favorecerá la eficiencia del entrenamiento entendido como un sistema y a la eficacia de los logros pedagógicos como peldaño imprescindible a un mejor Karate Do en individuos plenos, mejor adaptados y consecuentes con su arte.

Lic. Pablo Eduardo Scurzi